Volver de un salto, resiliencia en la industria de bodas y eventos

Resiliencia… últimamente hemos escuchado, escrito o mencionado mucho esta palabra pero más que significarla la hemos colocado en el pedestal de las tendencias. Hoy, está de moda ser resiliente y aplicamos el concepto en circunstancias tan variadas como inverosímiles pero ¿realmente entendemos la resiliencia? ¿comprendemos que implica el conocimiento de nosotros mismos y de nuestras capacidades?

Desde sus inicios la industria de bodas y eventos, una industria relativamente nueva y poco a poco mejor entendida en México, ha tenido un camino de constante empuje; luchando contra la desacreditación y desvalorización de la profesión; demostrando que se requiere de conocimientos específicos y aptitudes concretas para desarrollar un buen trabajo en el rubro y no ser sustituidos por la mamá, la hermana, la tía o la amiga de la novia; aprendiendo que para eso debíamos prepararnos constantemente e incluso certificarnos.

Yo empecé como muchos colegas, con la emoción de abrir mi propia empresa y la ilusión de hacer los sueños de las parejas realidad, que de pronto y en algunas ocasiones se vuelven historias de terror que aunque no quieras recordar te enseñan mucho y forman tu camino como emprendedor. Soy Historiadora del Arte de profesión, la cual ejercí varios años en la función pública en el sector cultural… ahí fue donde nació mi pasión por los eventos. El corre corre, el “rush” de adrenalina al saber que cada minuto cuenta y que todo debe ocurrir en un lapso de tiempo con una exactitud casi milimétrica, la transformación de espacios y la puesta en escena, es de lo que más amo. Pero no todo es color de rosa y perfección, no siempre somos los “rockstar” de los eventos. El camino está lleno de piedritas de las que debes sobreponerte y del fondo volver de un salto para seguir avanzando.

Uno de los momentos más duros como “Wedding Planner” lo viví el sábado 15 de agosto de 2015 en Xico, Veracruz. En pleno vals de novios, lloviendo a cántaros ¡se vino abajo la carpa donde se llevaba a cabo la boda! Al día de hoy agradezco que a nadie le pasó nada físicamente pero aún me resulta difícil platicarlo, incluso escribirlo. Ese día todo sucedió como en cámara lenta, la noche parecía que nunca iba a terminar. 

Estaba convencida que mi empresa terminaba, que hasta ahí había llegado (¡y apenas tenía tres años en la industria!). Todos me preguntaban: Lau ¿qué hacemos? Mi mente en blanco y yo casi sin poder hablar… solo quería confirmar que todos estuvieran bien y a salvo. No lo podía creer, estaba enfurecida y al mismo tiempo con unas ganas de llorar enormes pero no me salían las lágrimas no solo por el estado de “shock” en el que me encontraba sino porque tenía que resolver. Ya había sucedido lo impensable, ahora debía dar soluciones.

Ese día fue una gran lección, me dí cuenta y aprendí muchísimas cosas. 1) Lo importante que es que por más que los novios quieran ahorrar, en la seguridad del evento NO puedes escatimar en gastos contratando proveedores que no la pueden garantizar con la calidad de su servicio. Y si la pareja no está de acuerdo en ello, son libres de buscar alguna otra opción de “planner”. Así de simple, no es nada sencillo pero a veces debemos entender que hay parejas que no son para nosotros. 2) Es imprescindible tener un equipo de proveedores que te saquen la chamba como sea y te apoyen pase lo que pase. Ese día la boda sucedió después de todo, se adaptó un espacio bajo techo para que los invitados pudieran cenar, los novios volvieron a bailar su vals y más avanzada la noche, con la ayuda del grupo y el dj, la gente se animó a bailar. 

La novia, por supuesto, me odió. Para ella yo era la culpable… yo era quien no la había convencido de contratar una mejor carpa y no la más barata. Ese fue el tercer y más valioso aprendizaje: el “Wedding Planner” es el responsable sí o sí de todo lo que suceda antes, durante y después del evento. No se puede dejar nada sin supervisión y por lo tanto los proveedores con los que se trabaje deben ser 100% garantizados pues nuestra confianza también está puesta en ellos, tal cual como la confianza de los novios está puesta en nosotros.

Más allá de soluciones económicas, a las cuales también tuve que responder, minutos después de que pasó todo y la tormenta se calmó, reuní a los proveedores y llevamos a cabo la boda de la mejor manera posible en ese momento. Horas más tarde y días después, tuve que mediar entre los distintos proveedores y la persona de la carpa para llegar a los mejores acuerdos pues había que cubrir los daños del equipo que había quedado destruído.

Mi empresa no terminó y hoy soy más fuerte, lo cual me lleva de regreso a las dos preguntas planteadas al inicio ¿entendemos la resiliencia? ¿comprendemos que implica el conocimiento de nosotros mismos y nuestras capacidades? Y es que el ser resiliente en una industria como la nuestra no solo es asumir las responsabilidades o la parte que nos toca, es conocernos a nosotros mismos y saber lo que podemos manejar, lo que podemos controlar y hasta qué punto somos capaces de resolver y no colapsar. Ser resiliente va más allá del sobreponerse, es aprender de los errores, ser firme en las decisiones tomadas (te contratan porque eres “el experto”), entender y aceptar que hay clientes a los que debes dejar ir (si no hay clic no va a funcionar, créanme). Por eso digo que implica un entendimiento personal, porque estoy convencida de que de eso depende superar lo adverso y conformar una empresa exitosa. 

Parte importante de todo el proceso es también rodearse de los mejores en cada rubro. Ver en el otro no a la competencia sino al colega con el que juntos lograrán fortalecer la cadena de valor, generar alianzas estratégicas y grupos sólidos de profesionales sobre los cuales se pueda construir una industria de bodas y eventos valorada. Siempre el sentido de pertenecer nos dará seguridad, el sentir que no estamos solos y que a lado de un equipo preparado todo es mejor, un equipo de expertos con el que podamos compartir. Esa es la clave: compartir conocimiento, experiencias, proyectos, ideas… compartir por un crecimiento en común.

Y así, justo como si fuéramos el resorte del colchón de una cama el cual apachurran tan fuerte hacia abajo que lo único que le quede sea salir disparado hacia lo más alto, volviendo de un salto, fortalecido y aún mejor que antes, así veo yo mi camino en el mundo de las bodas y así debemos entender la resiliencia en nosotros mismos, donde después de cada golpe venga la lección y con ella el aprendizaje y no tengamos más remedio que volver y seguir subiendo.

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  1. Encantador tu texto y muy cerca de la realidad para los que participamos en este sector con gran pasión. En hora buena !!

  2. Muchas gracias Lau, por compartir esta experiencia…también pasé por algo parecido, no tan intenso :OS pero fue también por un proveedor más barato que quería la novia, las cosas no resultaron como ella esperaba e igual, el reclamo fue el mismo que te hicieron…»porque no me insististe que no lo contratara»…me sentía molesta por el comentario, enojada, por un momento hasta dudé de mí…gracias por compartir esos momentos y como utilizarlos para seguir adelante y más fuertes!! Mi admiración y respeto!! :O)

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